EL SIENTAPERROS




Hoy os traemos a estas líneas una figura que es muy habitual de ver dentro de este sector profesional, una figura que podemos encontrar en cualquiera de las metodologías que se desarrollan en el panorama nacional. En este sector existen adiestradores, educadores, técnicos en modificación de conductas y en un nivel diferente, el sientaperros.

Solo debemos de ver una de sus páginas para ver en que consiste. Esta figura desarrolla todo su trabajo a través de esta conducta distribuidora, el sentado. Para el sientaperros, un perro educado es un perro que se sienta y permanece en esa conducta independientemente de lo que pase a su alrededor, pudiendo sentar a un perro, a dos, a tres… en la escuela, delante de un monumento, en una terraza…  Si el perro tiene problemas, el sientaperros  hace que el sentado sea la llave “mágica” que hace que el problema desaparezca (o eso hacen creer a la persona que vive con el perro) ya sea mirando hacia su guía o hacia cualquier otro punto. Si el perro se trata de un cachorro, el sientaperros le muestra de manera insistente que el sentado será la clave de una vida tranquila con su familia. Cuando el sentado está consolidado, puede conseguir, debido a sus virtudes, que el perro haga exactamente lo mismo con el tumbado y que continúe el espectáculo de nuevo.

¿Qué necesita entonces un perro en lugar de estar todo el día realizando sentados? Un perro educado es aquel que sabe las normas básicas que establece la sociedad sin necesidad de ser inducido por un guía para realizarlas.. En el caso de un perro con problemas, se debe de solucionar en el origen de esos problemas y enseñarle a gestionar de manera autónoma aquello que causa el comportamiento no deseado. En el caso del cachorro, existen numerosos puntos antes de llegar a enseñar un sentado, como pueden ser desarrollar unos protocolos sociales adecuados, poder quedarse solo, la habituación a diferentes entornos y estímulos… Como muchas veces preguntamos en nuestras intervenciones ¿cuántas veces puede sentarse un perro a lo largo de un paseo de 15 minutos? ¿No es mejor enseñar muchas cosas antes que a sentarse un perro como puede ser, por ejemplo, a tener un mínimo de autocontrol o saberse relacionar con otros perros?

Cada uno puede decidir qué hacer y dónde acudir, con quién dejar su dinero y su tiempo pero debemos de comprender que un perro es un ser vivo, con emociones y que piensa, y que sentar a un perro para todo no es más que tener una máquina en la que no se tiene en cuenta ni lo que el perro siente ni lo que necesita, ni es un perro educado, ni es la vía de solucionar los problemas, ni será un cachorro preparado para gestionar todo lo que va a experimentar en la sociedad actual.

Nos vemos en el siguiente artículo. 


Jonathan Andrés Arredondo,
Educador canino en “ECHALE UNA PATA”. León

"El adiestramiento en positivo, no solo es premiar, es respetar"






PERROS DEL DIABLO




Seguro que solo con el título a algunos lectores les ha venido a la cabeza la imagen de un perro de tamaño pequeño. Todo el mundo conoce la mala fama de estos perros, sean de raza o mestizo, donde su comportamiento suele ser, por norma general, mucho más inestable que en otros perros: ladran en exceso, se muestran más reactivos, más asustadizos, poco sociables con otros perros, con personas.… y un sinfín de características menos frecuentes de ver en perros medianos o grandes.. Algunas personas tendrán, de hecho, como recuerdo de la infancia que un perro pequeño les marcó o les mordió.

En algún artículo se habla de que algunas de estas características en los perros pequeños proceden de la selección genética que se ha llevado a lo largo de la historia por parte del hombre, como perros que avisaban de posibles amenazas. No dudo que haya una parte de razón en ello, pero el gran peso de estos comportamientos, actualmente, responden al tipo de convivencia que se ha establecido en torno a ellos. Solo se debe de observar cómo tratan las personas a estas perros para ver que viven en un continuo estado de alerta:

  • Perros que se les arrastra ante cualquier parada que hagan para oler.
  • Perros a los que no se les deja acercarse a ningún perro que supere su altura.
  • Perros cogidos en brazos a los que se les inundan sistemáticamente a estímulos.
  • Perros a los que se les está continuamente corrigiendo y zarandeando.
  • Perros YoYo (esos perros que dan un paso en suelo y tres en el aire).
  • Perros a los que se les da un “cachete” al mínimo ladrido que emiten.
  • Perros que en ningún momento se les deja sueltos a lo largo del día.
  • Perros que salen, como máximo, una sola vez al día de paseo.
  • Perros a los que se les trata como un maniquí en lugar de como un perro.
  • Perros que su paseo consiste en ir en brazos, no vaya a ser que se ensucie. 



Todo ello hace que la convivencia sea un coctel lleno de hostilidad en la que el perro está continuamente en alerta, haciendo que no se atiendan sus necesidades básicas. No es difícil evaluar que la calidad de vida de un perro cualquiera que veamos por las calles no pueda mejorar (la premisa es que todo es mejorable) pero el tamaño influye en que algunas de esas conductas realizadas por las personas no se puedan ejecutar en perros de mayor tamaño.  Cuando se empiecen a tratar a los perros como lo que son, sin distinguir por su tamaño, seguramente muchos sean capaces de vivir siendo comprendidos y, por lo tanto, felices. 

Nos vemos en el siguiente artículo. 


Jonathan Andrés Arredondo,
Educador canino en “ECHALE UNA PATA”. León

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LARGAR UN PERRO



Parecía una consulta habitual aunque por un medio inusual para este tipo de consultas, vía whatsapp, hasta que sus palabras hacían pensar que no buscaba ayuda. Su perro sería sacrificado, según afirma ella, por recomendación veterinaria. Esto nos hizo suponer que se trataba de un caso de agresividad hacia personas pero qué sorpresa deparó la conversación. Su delito ha sido solamente gruñir, gruñir a las personas con las que convive y gruñir a su nieto, de tan solo 1 año de edad. Nunca ha mordido ni ha lanzado la boca, solo ha gruñido y se le ha erizado la base de la cola. Y es que han visto mucho un programa de la televisión y eso, cuenta ese señor que sale en la pantalla, debe de ser corregido y no saben cómo “dominar” a su perro. Y es que esta conversación particular parece que es algo común por lo que comentan algunos profesionales que les sucede a ellos también. Por lo tanto hay algunos puntos a considerar:

  1. Ese perro no necesita ser dominado, necesita ser comprendido.
  2. Gruñir no es agresividad, es una forma de comunicarse, de intentar que cese la hostilidad de su entorno y de su familia hacia él.
  3. Si tanto preocupa la seguridad de un niño, hay que comenzar por que ese perro se sienta seguro y así se puede conseguir que un niño esté seguro.
  4. Ese perro no quiere atacar, si quisiera hacerlo, un niño de un año no sería muy difícil de ser atacado, independientemente de su raza.
  5. Haber acudido antes a un adiestrador, si es que tan siquiera lo era, en una finca privada, sin reunir las condiciones para ser un centro canino, no es una forma de solucionar el problema, ya que el problema está en tu casa, no en una finca.
  6. Esta persona tuvo otro perro de raza similar que también acabo siendo agresivo. Se puede empezar a pensar que si cada perro que cae en esa familia acaba siendo “agresivo”, el problema estará en dichas personas y no en los perros, aunque hubiese sido un bichón maltés.

Se le ofreció nuestra ayuda pero sus palabras solo servían como un muro de rechazo. Su consulta solo tenía como objetivo largar al perro, sacarlo de su casa porque no lo quiere. Dice que busca un hogar para él, pero le importa poco, seguro, donde vaya ni cual sea su futuro. Y es que este caso nos ha recordado a otro que estamos haciendo actualmente, donde un perro de la misma raza si que mordía , aunque podía aún hacerlo más fuerte y contundente, y desde que está con nosotros ha dejado de morder sin necesidad de usar un bozal para evitarlo y sin sacarlo de su entorno habitual; pero no es magia, es solamente una familia que se comprometió y que decidió cambiar el modo de relacionarse con dicho perro. Que lástima que esta persona no tenga ni la intención de gastar saliva en una llamada, sino que escribe un puñado de frases en el móvil para intentar solucionar su problema, no el problema del perro.

Estamos encantados de poder ayudar a las familias a convivir y restablecer dicha convivencia entre humanos y perros pero no somos un canal de largar perros porque esto no es una adopción es una patada a un ser vivo sintiente. Y sabemos que lo de sacrificarlo no sucederá, que es una estrategia para acelerar un proceso y encontrar alguien que caiga en tu “trampa” porque la conversación se cierra con “si te enteras de alguien que lo quiera, avísame”.

Solo esperamos que el tiempo haga justicia sobre esa persona y cuando sea mayor y empiece a gruñir, sus hijos y nietos, la larguen de casa porque no se sienten seguros. Cada día me avergüenzo más de como son algunos humanos, esos con los que comparto la especie, y cada día me dan más lástima los perros, esos que viven en un infierno, porque no todos los infiernos están llenos de palizas, hay infiernos donde la hostilidad psicológica es insoportable.

Este post no tiene como fin avergonzar a esa persona sino expresar la emoción de rabia que da ser testigos de este tipo de circunstancias y de paso, si alguien está en una situación similar o peor, que busque ayuda, pero ayuda real porque no todos los adiestradores o educadores tienen la formación necesaria para estos casos, que los busquen porque si que los encontrarán.

 Nos vemos en el siguiente artículo.


Jonathan Andrés Arredondo,
Educador canino en “ECHALE UNA PATA”. León

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ESO DEL ADIESTRAMIENTO… NO FUNCIONA



En una de nuestras últimas sesiones, una persona nos comentaba que un compañero de su trabajo estaba empleando un collar de descargas para que su perro acudiese a la llamada. Esta persona le comentó que estaba con nosotros y que los cambios en el perro eran significativos, a lo que respondió su compañero que había acudido con anterioridad a un adiestrador y no le había servido de nada, a diferencia del collar de descargas si que le servía, lo que le llevó a sentenciar con la frase “eso del adiestramiento no funciona, no creo en ese tipo de cosas”. 

En primer lugar, estamos en contra de los sistemas de castigo, como ya hemos repetido en infinidad de ocasiones, ya que no solucionan ningún problema, a lo máximo inhibe al perro, con todas las consecuencias que conlleva. En segundo lugar, nos llevó a una reflexión sobre esa frase. Para poder comprender mejor, pondremos un ejemplo con otra profesión, los médicos.  Si una persona enferma y acude a un médico, existe la posibilidad de que el resultado no sea el esperado, o bien porque el diagnóstico no sea correcto o el tratamiento no sea el adecuado. ¿Y qué hacemos en ese caso? ¿Nos lanzamos a los curanderos o sanadores?¿O buscamos otro profesional que sea mejor que el anterior? Nadie piensa que la medicina moderna sea inútil o una perdida de dinero y tiempo. Existen médicos brillantes, buenos profesionales que realizan bien su trabajo aunque no destaquen y, luego, están los mediocres. A nadie le debe de ofender que en todas las profesiones haya personas mediocres que no cumplen un mínimo de calidad, por baja motivación, formación, etc. ¿No va a existir ese tipo de personas en el mundo canino?

Dentro de una intervención, existe un diagnóstico donde evaluar al perro y los problemas que han llevado a las personas a ponerse en contacto con nosotros. En ese primer contacto, nos podemos encontrar con personas que presentan poca implicación, que no están dispuestas a cambiar nada en su manera de interacción con el perro o en su entorno y que, por lo tanto, la intervención no podría llegar a completarse con éxito. Seguro que el sujeto del que hablamos partía de una actitud inicial similar, con baja o nula implicación, el “hágamelo usted que yo no tengo tiempo y para eso le pago”, que buscó la opción más económica en lugar de la mejor opción porque para lo que iba a servir…y llegó a alguien mediocre como él, uno como cliente y otro como profesional, si tan siquiera esa era su profesión y no su hobby.

El mayor afectado será el perro, ese perro que vive atemorizado al frío tacto de los electrodos sobre su cuello. La persona y el adiestrador, no estuvieron nunca a la altura de la ayuda que necesitaba ese perro y, sobre todo, su guía nunca tuvo la intención real de solucionarlo, ya que conocemos personas que han acudido a un primer adiestrador o centro y han llegado a buscar alternativas, cuando no se solucionaban, hasta fuera de su provincia, sin dejar de tener la esperanza que alguien les ayudaría.

Nos vemos en el siguiente artículo.


Jonathan Andrés Arredondo,
Educador canino en “ECHALE UNA PATA”. León

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LA OBEDIENCIA




La obediencia la podríamos definir como el conjunto de ordenes que un guía exige a un perro y éste las realiza, como puede ser caminar en junto, mantenerse tumbado durante un tiempo limitado, acudir a la llamada… La obediencia bien estructurada puede ser divertida y útil para perros equilibrados, convirtiéndose en un juego entre el perro y su guía. ¿Y en perros con comportamientos inadecuados puede ser la herramienta que haga desaparecer todos sus problemas?

Hace unas semanas nos encontramos con un perro que lleva varios años acudiendo a una escuela para resolver sus problemas con otros perros y la persona que acompañaba al perro no vio que se acercaba un perro desconocido por detrás de ellos, por lo que no pudo hacer que su perro entrará en un “modo de trabajo” que le aislara del perro que llegaba. El perro con problemas realiza un pequeño saludo tenso, e inmediatamente, comienza un zarandeo entre ambos perros. Interviene su guía, le pide un sentado y se acabó la discusión. ¿La obediencia ha sido eficaz? Sin ninguna duda no, porque el comportamiento inadecuado se para pero no se soluciona salvo que intervenga el guía. Jamás se le ha planteado a esa persona la causa por la que su perro tiene problemas con otros perros ya que en la escuela no será el mejor lugar para evaluar el problema en su totalidad.

Existen numerosas escuelas, independientemente de su metodología, que plantean resolver todos los problemas que tiene un perro con pura obediencia. Pero tal y como se demuestra en el caso anteriormente explicado, esta obediencia resulta inútil porque no es más que un parche que camufla el problema y obliga al guía a estar siempre “en guardia”.

Resulta más aprovechable y dará mejores resultados resolver los problemas de un perro en su origen, dejando la obediencia en un segundo plano o, incluso, más lejano. Enseñar los protocolos sociales, averiguar porqué tiene bajos niveles de seguridad o problemas en relacionarse con cualquier perro, fomentar que el motor que haga funcionar la llamada no sea la obediencia sino el vínculo, construir un paseo donde cubrir todas las necesidades del perro sin tener que desfilar militarmente con él, enseñar a resolver problemas al perro como sería lo habitual en estado natural… Si se analiza que un día cualquiera un perro debe de pasear al menos 45 minutos, la obediencia nunca sería más de 5 minutos, por lo que nos quedan muchas horas que compartir con ellos, y si comenzamos a preocuparnos sobre qué necesita un perro y de por qué suceden los problemas, podremos disfrutar de una vida de calidad junto a nuestro compañero canino.

Nos vemos en el siguiente artículo. 


Jonathan Andrés Arredondo,
Educador canino en “ECHALE UNA PATA”. León

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SOMBRAS DE PERROS





¿Existe la verdad absoluta en el mundo del perro? ¿Alguien puede considerar que sabe todo sobre perros? En numerosas páginas e intervenciones en las redes sociales podemos leer la sentencia: “eso del adiestramiento en positivo es una moda que con el tiempo desaparecerá y se volverá a modelos anteriores”. La sociedad y la ciencia no dejan de evolucionar, no existe la involución en ninguna rama de la ciencia, entonces ¿por qué iba a ser diferente para el estudio del comportamiento canino? Ante cualquier progreso habrá detractores, personas que se sienten seguras en su zona de confort sobre el conocimiento, sintiéndose amenazados ante la duda de qué aquello en lo que creen o que practican sea falso.

Todos habrán oído alguna vez la  “Alegoría de la caverna” de Platón, que establece el punto en el que se encuentra el conocimiento humano respecto la verdad absoluta. ¿Y qué relación tiene esto con el mundo del perro?

Si consideramos los primeros estudios sobre el perro para aprovechar sus capacidades, viajaremos a los inicios del siglo XX. Este punto de inicio sería el mundo de oscuridad donde poco se sabía sobre el comportamiento de los perros y su aprendizaje en tareas tan específicas, por lo que se comenzó a investigar su comportamiento.

Hacia finales de siglo, entraríamos en el punto que se establecieron las famosas teorías de dominancia y sumisión, una situación que arrojaba algo de luz pero en el que se seguían viendo sombras. ¿Si el perro buscaba un lugar de jerarquía sobre las familias humanas, como pudieron convivir con nosotros tantos miles de años? Se seguía viendo una sombra distorsionada sobre el perro que más se asemejaba a un monstruo que planeaba sobre nuestra propia existencia que como un amigo cooperativo.

Ya comenzado este siglo, comienza a extenderse la idea de que el perro posee una jerarquía con los miembros de su especie, pero sin el empleo de violencia intraespecífica. Por otro lado, se ha demostrado la naturaleza cooperativa entre el perro y el hombre, pudiendo realizar cualquier aprendizaje sin el empleo de ningún tipo de sistema aversivo. Esta figura empieza a dibujarnos la silueta del perro pero, seguramente, seguimos lejos de la verdad. Estamos en la entrada de la cueva, donde comenzamos a entender la naturaleza del perro.


Las últimas corrientes de estudio se centran en las motivaciones del aprendizaje, tanto intrínsecas como extrínsecas  y cómo influyen las emociones en el propio aprendizaje. Todo esto servirá para poder aprovechar al máximo las grandes capacidades que tienen, en beneficio del ser humano y del bienestar del propio perro.

Las últimas décadas se ha investigado mucho sobre los perros pero el camino no ha llegado a su fin, a esa verdad absoluta. Por lo tanto, cualquier profesional que trabaje en el sector debería ser autocrítico con los métodos, con las herramientas y buscar una evolución para que, en conjunto, lleguemos a estar más cerca de conocer a fondo a los perros. Habrá gente que siga viviendo en la sombra y nunca salga de ahí, y habrá gente que estando en la sombra descubra el camino de la luz y seguro que sentirá remordimientos de cómo trató a ciertos perros pero avanzará para que los que vengan después puedan ser ayudados de un modo más eficaz y más respetuoso.

Nos vemos en el siguiente artículo. 


Jonathan Andrés Arredondo,
Educador canino en “ECHALE UNA PATA”. León

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PROGRAMAS DE CACHORROS



La etapa de cachorros abarca desde su nacimiento hasta la entrada en la adolescencia que es visible con el primer celo en las hembras y la bajada de los testículos en el caso de los machos. Una duda que surge a muchas personas cuando llega un cachorro a casa es cuándo es el momento ideal de comenzar con un programa de educación específico de cachorros o un programa de adiestramiento. Lo primero que se debe de conocer es la diferencia entre educar y adiestrar, como se explicó en el siguiente artículo:


Sabiendo la diferencia, las personas pueden recibir informaciones, profesionales y de particulares, contradictorias entre sí que hablan de comenzar nada más llegar y otros que indican que no se debe de comenzar antes de los 6 meses. Cuando se trabaja en un sistema basado en castigos, se espera hasta esos 6 meses para que el cuerpo del perro (sobre todo el cuello) esté preparado para soportar la intensidad de la aplicación de dichos castigos. Sin embargo, en los métodos respetuosos, aquellos en los que no se hace uso, bajo ningún concepto, del castigo positivo, se puede comenzar en cualquier momento sin que haya una edad mínima, habiendo, incluso, criadores que comienzan programas de educación antes de la separación de la camada con 8 ó 9 semanas.

Tenemos que entender que con la propia llegada del cachorro a su casa definitiva, la familia comienza a poner límites a la convivencia y en esta etapa existe infinidad de aspectos que “trabajar” como son los hábitos higiénicos, las pautas exploratorias, la intensidad de la mordida, los paseos y todo lo que conlleva… Llegado este punto, alguien puede pensar que mientras el cachorro no salga a la calle, no es necesario pero ¿cuántas horas pasa un perro en casa? Más de un 80% se desarrolla en casa y hay muchas rutinas que crear para que la convivencia en armonía dentro de la familia. Si además tenemos en cuenta que las habituaciones al exterior deben de ser progresivas, se puede comenzar antes de los 3 meses como recomiendan muchos profesionales veterinarios con una formación actual, tomando una serie de precauciones fundamentales para evitar enfermedades contagiosas graves.


Por lo tanto, ¿es necesario contratar los servicios de un profesional ante la llegada de un cachorro? No estrictamente pero es aconsejable para poder entender los procesos de aprendizaje naturales de un cachorro atendiendo tanto a su desarrollo físico como a su desarrollo emocional. Cuando el cachorro llega a casa es un molde intacto en el que el paso de los días y las normas que se implanten y cómo se haga darán forma a ese molde.

Nos vemos en el siguiente artículo. 


Jonathan Andrés Arredondo,
Educador canino en “ECHALE UNA PATA”. León

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PSICÓLOGOS CANINOS.



Al ver estos personajes, se me viene a la mente una conversación similar a esta:


  • ¿Cómo te encuentras hoy, Doggy?
  • Pues la verdad, he vuelto a tener un incidente. Vi un grupo de corredores y no sé, una cosa llevo a la otra... y acabé pastoreándolos como si fuesen unas ovejas.
  • ¿Y cómo te sientes?
  • Pues en el momento me dio un subidón pero luego... me sentí culpable.
  • Bueno pues esta semana...




Ésto,  tan pintoresco y circense, es lo que se puede esperar de un psicólogo canino. Esa profesión no es más que un invento comercial, no hay universidad de prestigio que lo avale.

Existen adiestradores caninos, educadores caninos, técnicos de modificación de conductas, étologos... pero no existen los psicólogos caninos como tampoco existen los domadores de salmones salvajes, por muy bien que suene.

Es tu decisión el dejar a tu perro a merced de un personaje que parece salido de una historia de dibujos animados o poner en práctica lo que te indique pero, si algo se tuerce, no será culpa del propio perro.

Jonathan Andrés Arredondo,
Educador canino en “ECHALE UNA PATA”. León

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DISCIPLINA. LA CURA A TODOS LOS MALES CANINOS

Seguro que en alguna ocasión habéis oído el consejo “tu perro lo que necesita es disciplina” como herramienta de solución a infinidad de problemas de comportamiento. Da igual que el problema sea que el perro no acuda a la llamada, que destroce cosas en casa cuando se queda solo, que muestre comportamientos agresivos hacia perros o hacia personas desconocidas… pero ¿cómo puede la disciplina ayudar a un perro en la superación o resolución de sus problemas?

Lo primero que debemos de hacer es definir la disciplina, cuando nos referimos a perros. El concepto de disciplina se suele asociar a la terminología militar, donde alguien da una orden y otro la ejecuta sin pensar, sin cuestionarla, tal y como nos define la R.A.E.:




Por lo tanto, como vemos en las definiciones, se habla de imponer y cuando hablamos de perros, se debe de asumir que para imponer, que difiere de enseñar, hace falta métodos no amables hacia el perro, lo que podría acabar definiendo la disciplina como una modalidad de hostigamiento por parte de la persona hacia el perro. 




Pero si nos fijamos en músicos, científicos o deportistas ¿no existe una disciplina dentro de su preparación o rutina diaria? La principal diferencia respecto de la anterior definición es que nadie impone dicha disciplina, es el propio sujeto el que se exige a si mismo dicha disciplina. Existen dos factores muy claros dentro de este tipo de disciplina: el sentimiento de autorrealización y la motivación intrínseca en realizar dicha actividad. Esto si se puede encontrar en un perro, que independientemente de lo que suceda en su entorno, puede realizar una actividad o conducta anteponiéndolo a cualquier otra actividad social o de la que el perro obtenga algo, ya que es mayor la motivación y el sentimiento de autorrealización que el refuerzo que obtiene de dicha distracción. Esto se puede comprobar desde una simple llamada rodeado de estímulos que puedan llamar su atención, pasando por deportes caninos y acabando en perros de trabajos específicos.

Otro aspecto que suele incurrir en este tipo de familias en las que se pretende imponer la disciplina es que las propias personas no son disciplinadas, anteponiendo intereses personales a obligaciones hacia el propio perro como su rutina de paseos, por ejemplo.

En conclusión, la disciplina no se enseña ni se impone a un perro y, por ello, no puede ser jamás una herramienta de modificación de conductas. La disciplina surge de conocer a tu propio perro, su escala de valores en los refuerzos que le motivan, tener un buen vinculo entre el perro y el humano y ser consciente de qué actividades le satisfacen.

Nos vemos en el siguiente artículo.


Jonathan Andrés Arredondo,
Educador canino en “ECHALE UNA PATA”. León

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EL PERRO ADOPTADO. UNA NUEVA MODA



La proliferación de diferentes razas siempre ha seguido un patrón de modas temporales. Por ejemplo, si en una película aparece una raza determinada, como sucedió con los dálmatas, es posible que en los siguientes años aumente exponencialmente el número de estos dentro de la sociedad. Desde hace un tiempo, el gran peso que tienen en la sociedad las redes sociales han hecho que aumente el número de adopciones debido al potencial de estos canales. Adoptar un perro, sobre todo si no es cachorro, es una decisión valiente y que debe ser sopesada más de lo que alguna gente hace, ya que ese perro tiene un historial, basado en las experiencias pasadas, siendo en algunos casos muy desagradables para el perro.

Si estás pensando en adoptar un perro o lo acabas de hacer debes de hacerte varias preguntas. ¿Qué espero conseguir de ese perro?¿En cuánto tiempo quiere conseguir ese objetivo? La primera pregunta suele ser sencilla de responder porque la mayoría de las personas buscan un compañero, un fiel amigo. La segunda es más difícil de responder. Si en esta parte tienes una respuesta que se aleje de “el tiempo que sea necesario” puede ser que la situación se aboque a un fracaso estrepitoso. ¿Por qué una sentencia tan firme?

Cuando un perro adoptado llega a una casa, lo que menos debemos buscar es que ese perro, desde el primer instante, nos muestre amor incondicional y que se sepa todas las normas de convivencia que van a regir su vida. Lo que más va a preocupar a ese perro es sobrevivir, estará en continua alerta por si aparece una amenaza y eso se puede reflejar en diferentes comportamientos: gruñir a personas, falta de hábitos higiénicos, conductas destructivas, indefensión aprendida, ansiedad por separación… o quizás no sea el caso. Cada perro es un sujeto único y su carácter se basa en una parte genética y otra parte, con mayor peso, emocional basada en las experiencias vividas y por mucho que insistan los adoptantes, no se le puede explicar con palabras que está ahí para un futuro mejor. La mejor herramienta para que una adopción llegue a convertirse en un éxito es una que cumpla tres premisas básicas: paciencia, empatía y respeto. A partir de ahí es de sentido común dejar tranquilo al perro las primeras semanas, dejarle ser un perro, darle el espacio que necesite y olvidarnos de situaciones que hemos presenciado en algunos diagnósticos como que sepa de manera inmediata a caminar sin tirar de la correa, a que no coja cosas del suelo, a que sepa sentarse, a que no gruña a pesar de que el lenguaje de la persona es agresivo hacia el propio perro…. Hay un tanto por ciento muy elevado de nuestras intervenciones que son en este tipo de casos, intervenciones en las que enseñamos a las personas como demostrar a un perro que ellos ni ese entorno es una amenaza y poder solucionar experiencias vividas con anterioridad a su familia como el propio abandono.

Lo más injusto para un perro adoptado es no ser comprendido y, como consecuencia, ser devuelto al lugar del que salió. Este hecho es una nueva demostración de la crueldad del ser humano, de la falta de empatía y de la ausencia del sentido de responsabilidad de su adoptante. No vamos a analizar quién es el responsable de esta situación, si los adoptantes o entidad protectora que gestiona la adopción, pero sobre lo que no cabe ninguna duda es de que el perro es el que sufrirá las consecuencias.

Nos vemos en el siguiente artículo. 


Jonathan Andrés Arredondo,
Educador canino en “ECHALE UNA PATA”. León

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